Pachamama es el nombre que le coloque a esta acuarela que puede ser una de las mas grandes del mundo, fue mi mayor reto en lo artístico en lo personal y en lo humano.

LA HISTORIA DE PACHAMAMA CONTADA POR SU AUTOR

RESUMEN

Desde cuando comencé a desarrollarme profesionalmente con la pintura, tuve el sueño de dibujar una acuarela de grandes proporciones que me permitiera mostrar las bondades y la versatilidad de una técnica pictórica tan bella y con tanto prestigio e historia en nuestro medio, así como en los países del primer mundo, para hacerla más contemporánea, más competitiva, más durable, y rebatir de esa manera la errada concepción de que es facilista.

me dirigí a las instalaciones del Museo de Arte Moderno de Cartagena de Indias a proponerle a Yolanda Pupo de Mogollón, su directora emérita, hacer una exposición de mi trabajo pictórico, incluida esta acuarela, cuyo tamaño surgió de la necesidad de abarcar la pared más grande de la Sala Republicana del museo, de doce (12) metros de largo, dimensión que al comienzo parecía inalcanzable y era un desafío enorme para cualquier artista. Ese día obtuve su aprobación inmediata y se definió que en noviembre de 2008 se realizaría la exposición.

Pasaron los días y me encontré con muchos problemas, uno de ellos la consecución de los materiales, en especial el papel, pues ninguno de los fabricantes de Francia, Italia, Estados Unidos, Holanda y Japón lograba producirlo en las dimensiones que yo requería. Finalmente, en una estadía en Nueva York, en el estudio de mi amigo y colega, el pintor Darío Ortiz, le comenté estos contratiempos y él se interesó en ayudarme.

Efectivamente, nos dirigimos a dicho almacén, situado en el número 62 de la Tercera Avenida, en Manhattan, donde hallamos un rollo de papel acuarela de fabricación inglesa de 1,50 metros de ancho x 46 metros de largo y 638 g/m2, de marca Saunders Waterford, nombre que yo desconocía.

A finales de julio de 2008 dejé lo más querido de mi cosecha, mi familia, e inicié todos los preparativos de mi traslado a Cartagena de Indias; poco después mandé las cosas de mi taller por vía terrestre desde Bogotá, mientras yo hice el recorrido en mi vehículo particular, repleto de los materiales que utilizo para pintar. Mi destino era la calle de las Damas, en el centro histórico de la ciudad, en una casa muy antigua llamada El Bodegón de la Candelaria…

Con el ánimo de aprovechar la luz natural, escogí la entrada al salón principal como espacio ideal para ubicar el bastidor que albergaría el papel de la obra. Este salón tiene cinco puertas de doble ala, cuyo tamaño y diseño me hacían pensar que el propósito era que ingresara al mismo tiempo toda la brisa fresca proveniente del mar para que la luz canicular del Caribe inundara el interior…

Fue así como a principios de agosto de 2008, en las primeras horas de una calurosa mañana, inicié el diagrama de la obra a lápiz, aferrado a la imaginación de esa selva que siempre me persigue, que está conmigo y aparece sin previo aviso, como un matrimonio indisoluble; que me gobierna y me obliga a mantener el mismo respeto del primer día que la vi…

Esta obra se terminó después de cuarenta y cinco días continuos e irrepetibles, así como de muchísimas sesiones de trabajo en arduas jornadas de hasta quince y veinte horas, acompañado siempre de los movimientos sinfónicos y las sonatas de Mozart. Tal vez fue él quien dio las notas con las que, a juicio del maestro cartagenero Dalmiro Lora la obra terminada es una sinfonía de la naturaleza, maticé otros momentos de este largo trabajo con los porros de la orquesta de Juancho Torres, los tambores de Petrona Martínez y el saxofón de Justo Almario que me devolvían a mis ancestros musicales…

Fueron muchas las angustias económicas, la ansiedad y la presión del tiempo para acabar dentro de los términos fijados, con los medios de comunicación nacionales e internacionales, los críticos de arte, la ciudad misma, los incrédulos y los criticones pendientes de los menores detalles y del desarrollo del proyecto, que no contó con la financiación de ningún organismo promotor del arte y la cultura, ni privado ni público. Así las cosas, decidí asumir los altísimos costos que demandaba la elaboración de la obra, razón por la cual me tocó aportar hasta el último centavo de mis ahorros…

Hoy, Pachamama (en lengua quechua “madre tierra”) es mi mayor orgullo como realizador, aunque más que a ello aspiro a que sea una obra artística útil como elemento de persuasión visual, puesta al servicio de la educación ecológica de mis coterráneos y de las generaciones actuales de habitantes del planeta, que entienden la necesidad de salvar el medio ambiente y con él las selvas tropicales y la Amazonia…

El propósito de una obra de arte con estas características es la búsqueda de la armonía entre el hombre y la naturaleza, que el observador cualquiera que sea, establezca una comunión, un diálogo entre su imaginación y su accionar, que despierte sus más bellos sentimientos, que retorne a su origen, a lo natural, a lo primario y esencial de la vida, porque el peor enemigo de las selvas tropicales no son la voracidad de la combinación de factores socioeconómicos o políticos, ni la negligencia de las autoridades ambientales, ni el uso indiscriminado de esta riqueza natural, -fuente maravillosa de vida- sino la indiferencia de los ciudadanos del mundo.

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